María Mares: la maestra que sigue haciendo preguntas
Por: Andrea Reynoso
Al terminar de leer Señorita Mares, del profesor Carlos Efrén Rangel, queda una pregunta que acompaña toda la investigación: ¿qué hizo tan bien María Mares como maestra? Y también otra inevitable: ¿qué falta hoy en nuestras aulas?
María Mares formó a varias generaciones de autlenses, entre ellos personajes que destacaron en distintos ámbitos de la vida pública y cultural. El libro inicia con una anécdota de Sylvia Alatorre, hija de Antonio Alatorre, quien recordaba a la maestra como una figura fundamental en la formación de su padre.
Antonio Alatorre vivió frente a la casa de María Mares durante su infancia. Resulta interesante pensar que detrás de una de las figuras intelectuales más importantes de México existió la influencia silenciosa de una maestra de primaria.
Rangel relata que su interés por investigar su vida nació durante una conversación con su hija Eva en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres. Al descubrir que varios de los homenajeados habían sido alumnos de María Mares, surgió la inquietud que daría origen a este libro.
Uno de los pasajes más conmovedores es el relato de su muerte. El autor describe un funeral con escasa asistencia, una paradoja para una mujer que educó a tantos hombres y mujeres destacados. Sin embargo, hoy su memoria permanece viva en una plaza, una escuela y en el mural de la mexicanidad de Atanasio Monroy.
Fotografía. Carlos Efrén Rangel
La investigación recupera también episodios poco conocidos de su vida, como su participación en un homenaje al general Paulino Navarro, quien había sido su alumno. El propio Rangel señala que los alumnos destacados de María Mares constituyen la prueba más evidente de su alcance como docente. Entre ellos aparecen militares, políticos, empresarios, escritores e intelectuales que proyectaron el nombre de Autlán más allá de la región.
De acuerdo con lo que plantea el autor, muchos de estos exalumnos participaron activamente en la transformación social, política y económica de su entorno. Su huella no se limitó al aula, sino que se reflejó en la manera en que sus estudiantes se relacionaron con el mundo.
Otro personaje presente en la historia es Bruno Mares, padre de María y fotógrafo de profesión. Aunque fue reconocido como un gran retratista, gran parte de su obra parece haberse perdido.
En una de las presentaciones del libro, Carlos Efrén Rangel plantea una pregunta sencilla: ¿recordamos a algún maestro que haya marcado nuestra vida? Seguramente la mayoría puede mencionar al menos uno.
María Mares logró lo que muchos maestros desean: que sus alumnos no sólo memorizaran conocimientos, sino que comprendieran su contexto histórico y aprendieran a interactuar críticamente con él, como menciona el autor.
Quizá ahí se encuentre la respuesta. María Mares no sólo enseñaba contenidos escolares; enseñaba disciplina, curiosidad, amor por el conocimiento y confianza en las propias capacidades. Por eso sus alumnos la recordaron toda la vida.
Estas líneas son apenas un acercamiento a las 142 páginas de Señorita Mares, una obra que recupera la vida de una mujer que, como señala Carlos Efrén Rangel, personificó el amor por la docencia. Más que una biografía, es una invitación a reflexionar sobre el papel de los maestros en nuestras vidas.
Su legado permanece vivo en la escuela que dirigió, en sus enseñanzas y en la memoria de quienes fueron sus alumnos. Por ello, Señorita Mares es una lectura valiosa para quienes ejercen la docencia y desean reflexionar sobre el verdadero alcance de la labor educativa.
Al final permanece la misma pregunta que atraviesa todo el libro: ¿qué hizo tan bien María Mares como maestra? Quizá la respuesta se encuentre en sus alumnos, en los libros que recomendó, en las preguntas que sembró y en la huella silenciosa que dejó en generaciones enteras de autlenses.
Ahora tú, docente que me lees: ¿qué tipo de ciudadanos estás forjando con tu enseñanza?
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