Juan Rulfo y el INI: el ojo que documento la memoria indigena

 

Por. Andrea Reynoso 


Pensar en Juan Rulfo es pensar en una literatura habitada por pueblos fantasmas, silencios profundos y memorias suspendidas en el tiempo. Sin embargo, detrás del autor de Pedro Páramo también existió un ojo fotográfico profundamente interesado en la memoria cultural de México y en las comunidades indígenas y rurales que marcaron su visión del país.

Una parte fundamental de la vida de Rulfo transcurrió dentro del Instituto Nacional Indigenista (INI), institución que actualmente es conocida como la CDI. Ahí desarrolló un trabajo poco mencionado, pero esencial para comprender la manera en que observaba y retrataba el México profundo.

Durante la década de 1960, Rulfo colaboró en proyectos relacionados con la documentación cultural, la edición y los registros audiovisuales de comunidades indígenas y rurales de México. Su trabajo no consistía únicamente en labores de oficina: recorría caminos, observaba paisajes, registraba la vida cotidiana y escuchaba historias que sobrevivían lejos de los centros urbanos. Aquellos viajes ampliaron la mirada del universo rulfiano que hoy conocemos en su literatura y fotografía.

En sus recorridos por México, Rulfo encontró el silencio, la pobreza y el abandono institucional, pero también descubrió una inmensa riqueza cultural. En las comunidades indígenas observó formas de memoria que sobrevivían a través de la oralidad, las tradiciones y las costumbres. Esa sensibilidad quedó plasmada tanto en sus textos como en sus fotografías, donde buscó rescatar las raíces culturales de los pueblos originarios.

Además de escritor, Rulfo fue un observador de la realidad mexicana. Su cámara capturó iglesias perdidas entre caminos, paisajes áridos, rostros marcados por el tiempo y escenas cotidianas suspendidas entre la vida y el recuerdo. Sus fotografías no buscaban la perfección técnica; buscaban retratar la esencia de una cultura y mostrar la riqueza humana de las comunidades indígenas y rurales de México.

Trabajar dentro del INI también permitió a Rulfo participar en proyectos editoriales y documentales enfocados en la preservación cultural de los pueblos originarios. Sus registros visuales y documentales se convirtieron en una forma de conservar la memoria colectiva de comunidades que enfrentaban acelerados procesos de transformación social.

Resulta imposible no relacionar las fotografías de Rulfo con su obra literaria. Muchos de los personajes que habitan su universo narrativo parecen surgir precisamente de esos caminos recorridos, de esas voces olvidadas y de esos paisajes secos donde el tiempo parece detenerse. Tanto en su escritura como en su trabajo fotodocumental existe una preocupación constante por aquello que desaparece: pueblos vacíos, historias silenciadas y memorias que resisten al olvido.

Más allá del llamado “mundo rulfiano”, la labor de Juan Rulfo dentro del Instituto Nacional Indigenista revela su profundo compromiso por mirar y registrar el México profundo. Su trabajo ayudó a conservar fragmentos de una realidad muchas veces invisible para el resto del país. Ahí radica gran parte de la originalidad de Rulfo: no solo escribió ficción, también supo escuchar, observar y preservar la memoria mexicana.


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