Carmen Dom y el hilo que arde
Por: Andrea Reynoso
En Macario, de Roberto Gavaldón, existe una escena imposible de olvidar: una cueva inmensa llena de velas encendidas. Cada una representa la vida de una persona. Algunas apenas comienzan a arder; otras están a punto de extinguirse. No hay forma de detener la cera derritiéndose. La muerte simplemente observa cómo el fuego consume el tiempo de cada existencia.
Algo similar ocurre con Las Moiras, la obra de Carmen Dom. Las hilanderas del destino aparecen aquí no sólo como figuras mitológicas que tejen y cortan el hilo de la vida, sino como una metáfora de nuestra fragilidad. Pensamos que avanzamos en el tiempo, cuando en realidad nos reducimos lentamente. Cada día no es un paso hacia adelante, sino un fragmento menos de la vela.
Cloto hila, Láquesis mide y Átropos cortan. Su presencia recuerda que toda vida tiene un límite invisible. El hilo puede parecer eterno mientras seguimos construyendo recuerdos, amores o proyectos, pero en silencio continúa desgastándose. Ahí habita el verdadero horror de las Moiras: no en la violencia, sino en la conciencia de saber que somos temporales.
La última obra original de Carmen Dom, Las Moiras, pertenece al cierre de la colección Oscurantismo, convirtiéndose en una pieza clave para comprender esta serie de siete obras plásticas realizadas con técnicas mixtas como óleo, acrílico y papel maché. La colección forma parte de la exposición Cuentos antes de morir, donde se despliegan distintas historias ligadas a la magia, la hechicería y figuras míticas y demoníacas que habitan entre la pesadilla y el sueño.
Cada pieza parece revelar fragmentos del pasado, presente y futuro de la historia onírica de la humanidad, interpretados desde la visión y los pinceles de Carmen Dom. Sus obras construyen atmósferas inquietantes donde lo simbólico y lo surreal convergen en escenarios cargados de oscuridad, memoria y fatalidad.
Oscurantismo representa además un momento importante dentro de la carrera artística de Dom, al tratarse de su primera colección con influencias claramente surrealistas y con un fuerte trasfondo histórico y filosófico. En ella pueden percibirse ecos visuales cercanos al universo pictórico de Zdzisław Beksiński, especialmente en la construcción de paisajes decadentes y figuras suspendidas entre lo humano y lo espectral.
Cabe mencionar que esta colección ya ha sido publicada en las revistas Aurum Internacional, de Guanajuato, y Brevaria, de Autlán, consolidando el trabajo de Carmen Dom como una propuesta visual vinculada a el horror simbólico y el arte fantástico contemporáneo.
Las Moiras no necesitan monstruos ni sangre para inquietar. Basta imaginar ese hilo ardiendo lentamente, como las velas en la cueva de Macario, mientras el tiempo consume silenciosamente todo aquello que creemos permanente.

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